Cuando era chico, muy chico, me tiraba a la pileta para evitar situaciones que no me gustaran. Me tiraba y permanecía en el fondo lo suficiente como para que cuando saliera no hubiera mas nadie. Debajo del agua, pegado al fondo, solo me llegaban algunos sonidos: los ladridos de Toto, algún grito aislado, la cortadora de pasto... Pocos sonidos, pocos y deformados por el liquido que nos separaba. A esa edad creía que siempre iba a haber alguna pileta con un fondo llano para apoyarse y descansar mientras los difusos sonidos del mundo nos llegaban como ecos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario